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Reflexión

Me pesa la vida
por tanta lucidez a la espalda
rota y descompuesta
que no consigue soportar
siglos de ingravidez anímica.

Se astillan los quicios de mi mente
en mil pedazos
cincuenta veces por nanosegundo
aullando
un dolor impertérrito,
inmortal.

Y yo
contemplo el gemir del viento
como cansado de escuchar el llanto
que augura nuevos lustros
de incontinencia existencial;
buscando el amparo
de quien pudo ser el fin
de todos los principios,
sin hallar
más que oscuridad:
agónica petrificación
en los rincones inhóspitos
que olvidé hurgar
la última vez que hube de resetearme.

Ausente el punto de luz que sostenía
la cordura incólume
bajo el secreto revelado,
dibujo esferas parecidas a palabras
o edifico cuentos dentro de un agujero.

En la vida todo es pasar
ya esnifando monotonía,
ya implicando al cerebro hastiado
de tanto condicional
impuesto.

En la vida
todo es pasar.

Sé tú.

Para que en el cuarto
tu luz sea la labor
y te busque en las manos.

Para que las horas
sean rumores de proyectos
quietos en la ventana.

Para esta curiosidad
que me aflige pero me alza
templado en tus terrenos.

Para besar la corriente
en tu cuello milagrero.
Para el brillo que desprendes.

Para la sed sufrida y la calma.
Para que este amor
se prolongue en flores.

Para que prolongado nos nombre
en batallas más cercanas.
Para no decirte que te amo.

Para la red quebrada
en risas y no para la lágrima.
Para decirte que te amo.

Para que la tierra se equivoque
y alegre suelte palomas al cielo.
Para dejar en ti otro yo.

Para la semilla. Para el vientre
con movimientos de vida.
Para la arena y para la historia.

Para doblarme y enloquecer
si algún día este amor
baja de sus ramas rojas.

Para dejar en ti otro tú.
Para que nos abracen las sombras
cuando no podamos de frente.

Para que el mar nos hable con esperanza.
Para estos motines y cortejos.
Para ti. Para mí. Por nosotros;
sé tú y yo soy feliz.

Debajo de…

Debajo de la carne
que marca tu ausencia
como un reloj detenido;
debajo de la sangre
que recorre sin acierto
las paredes y sus grietas;
debajo del pensamiento
y los caminos plurales,
donde se pierde el paso
al infinito o al olvido;
debajo,
en el hueso,
estoy yo,
en el blanquísimo y rotundo
hueso que estará siempre.

Vendré

Vendré una tarde azul
-cuando me marche-,
y heriré tu retina
con nimbos y centellas olvidadas.

Vendré una tarde azul para jurarte
que la tumba sin ti
es un prado sin hierba,
huérfano de mariposas y de vacas,
alero de un tejado sin vencejos,
o mudo fanal de la farola
que a fuerza de besos
apagamos
(en todas las paredes, en verano,
al anochecer hay una salamanquesa
devorando insectos).

Yo te querré en lo oscuro;
y a tientas en acuíferos
de ríos subterráneos
gritaré tu nombre;
llegará hasta el mar el eco,
polícromo de estalactitas,
y los vampiros ciegos
al detectar mis labios
se morirán de insomnio.

Puedes venir conmigo

Puedes venir conmigo,
a robarle al manzano
la fruta aburrida
que nos haga pecar
hasta el último mordisco;

a respirarnos el azahar
de los naranjos
y volar Valencia
hinchados como globos;

a buscarnos en la piel
carreteras nuevas
y tumbarnos en la tierra
encogidos como hormigas
para tocar las estrellas;

a reírnos de la superficie
de las cosas
y matarnos de risa
en las profundidades;

a esconderte entre las rosas
cuando anochece
y volverme loco buscándote;

a salir de casa
y olvidar los ojos
para mirarnos toda la tarde;

a bebernos los lagos
masticando los nenúfares,
dejando los cuerpos desnudos
en la orilla;

a hacerles confesar
a los parques
los secretos de sus piedras
y ver que alguno sabíamos;

a recorrernos la nostalgia
palmo a palmo,
alargando el placer
hasta donde nos dé la gana.

A vivirnos la vida
el uno del otro,
puedes venir conmigo,
a certificarnos
esta soledad
de estar tan juntos.

Un paso atrás

Un paso atrás
puede salvarte de mí.

Me recuerdan en los muelles.
La maleta llena de cicatrices
apoyada en las rodillas.

Una sonrisa,
que se sabe agotada,
partiéndole el rostro
en dos abismos.

Su locura es ser faro
que avise de su presencia.
¿Es el destino una espera
interminable?

La vida llega por mar
y yo la espero,
caminando entre
las cosas y la gente.

Nada es más duro
que enfrentarse a uno mismo.

¿Ves? Me recuerdan.

Un tridente amenaza
desde el agua.
Vida, amor o muerte.
Me señala.

Un paso atrás
puede salvarte.

Llueve

El agua viene con prisas;
amainó el viento,
se perdió el azul del cielo.
Llueve… -lleva tres dias-
.
El sol halló refugio en tus ojos.
Yo, en tu mirada…
-sigue lloviendo-
.
Ríos de mercurio plateado
fluyen por el bulevar;
y yo, minúscula gota
me sumerjo en su corriente,
simbiosis perfecta,
unidad de los sentidos,
fluir de esencias…

Ven, y te daré asilo
en mis cuarteles de invierno
porque creo que
el agua seguirá mojando
esta tierra desnuda.