Me pesa la vida
por tanta lucidez a la espalda
rota y descompuesta
que no consigue soportar
siglos de ingravidez anímica.
Se astillan los quicios de mi mente
en mil pedazos
cincuenta veces por nanosegundo
aullando
un dolor impertérrito,
inmortal.
Y yo
contemplo el gemir del viento
como cansado de escuchar el llanto
que augura nuevos lustros
de incontinencia existencial;
buscando el amparo
de quien pudo ser el fin
de todos los principios,
sin hallar
más que oscuridad:
agónica petrificación
en los rincones inhóspitos
que olvidé hurgar
la última vez que hube de resetearme.
Ausente el punto de luz que sostenía
la cordura incólume
bajo el secreto revelado,
dibujo esferas parecidas a palabras
o edifico cuentos dentro de un agujero.
En la vida todo es pasar
ya esnifando monotonía,
ya implicando al cerebro hastiado
de tanto condicional
impuesto.
En la vida
todo es pasar.

